enero 18, 2026

¿Por qué es necesario silbar a los jugadores?

Silbidos y dramatización: un debate mal planteado

El espectáculo vivido en el madridismo con el debate sobre los silbidos ha sido, cuanto menos, dantesco. Para algunos, los pitos se han interpretado como un ataque integral a lo que representa el club o incluso como una ofensa personal, identificando al individuo con el Madrid. Sin embargo, la cuestión es más sencilla y, sobre todo, más habitual de lo que se quiere admitir: los silbidos son necesarios y aparecen en todos los clubes cuando la situación es extrema.

Perder contra un equipo de Segunda en la Copa, hacerlo en un contexto de rebelión de jugadores que termina con la salida del entrenador y acumular derrotas importantes ante el Barcelona en los últimos años, en ocasiones por goleada, constituye una situación grave. Ante este escenario, resulta llamativo que desde el club se haya intentado deslegitimar a quienes, en el ejercicio de su libertad, han protestado.

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Por qué es normal —y necesario— pitar

Se ha repetido que «no es madridista quien pita». Es una afirmación injusta. Cuando una persona pita lo hace porque está enfadada, porque le duele el club. Si le fuera indiferente, no se molestaría en acudir al estadio para cabrearse y silbar; preferiría aplaudir y disfrutar. El pitido aparece cuando no queda otro remedio.

También se argumenta que los silbidos descentran a los jugadores. En realidad, pitar es un intento de desincentivar conductas consideradas inadecuadas por el aficionado: no correr, no obedecer, rebelarse, o que la directiva ignore carencias evidentes del equipo y se empeñe en no fichar. Ojalá bastara con el aplauso y el buen ambiente para corregir estas actitudes, pero el aficionado no dispone de otra herramienta.

La comparación es clara: cuando un niño no estudia y suspende, se le castiga. No porque el padre lo odie, sino porque cree que ese castigo ayudará a corregir la conducta. Es desagradable para quien lo aplica y para quien lo recibe, pero precisamente por eso funciona.

El efecto real del castigo

Cuando un jugador que no ha rendido como se espera escucha los silbidos, algo cambia. El ejemplo reciente de Aurélien Tchouaméni es ilustrativo: tras ser pitado, su rendimiento mejoró notablemente. A nadie le gusta ese castigo, igual que a ningún niño le gusta quedarse sin tableta cuando suspende, y por eso suele producirse una reacción.

¿Habrá quien no cambie ni siquiera así? Por supuesto. Pero la mayoría reflexiona y ajusta su comportamiento. La historia del Real Madrid lo confirma: el Bernabéu ha pitado a Cristiano Ronaldo, a Zinedine Zidane, a Luis Figo o incluso a Alfredo Di Stéfano. En la mayoría de los casos, la respuesta posterior fue una mejora en actitud y rendimiento.

Pensar que un jugador no puede aceptar los silbidos es asumir que es de cristal. Y quizá entonces no debería jugar en un club con el nivel de exigencia del Real Madrid, más aún cuando en cualquier estadio rival —por ejemplo en el Camp Nou— los pitos serán constantes.

Exigencia, no error puntual

El madridismo no pita un regate fallado ni un error aislado. Pita la falta de actitud: no correr hacia atrás, no obedecer al entrenador, no actuar con lealtad hacia el club. Con la directiva ocurre lo mismo: no se critica un fichaje que sale mal, sino ignorar carencias evidentes y persistir en la inacción.

En cuanto haya dos buenos partidos seguidos, los pitos se convertirán en aplausos. El aficionado desea perdonar; solo espera señales claras de compromiso.

Los pitos como rebeldía

Lo que más ha molestado a la directiva no es el ruido en sí, sino lo que representa. Los silbidos son una manifestación de rebeldía, y eso es lo que incomoda a Florentino Pérez: recuerdan que no solo van dirigidos a los jugadores, sino también a quienes toman decisiones en los despachos.

Por eso los pitos son necesarios. Recuerdan a estrellas y directivos que nadie está por encima del club y que quien actúe como si lo estuviera será señalado. El escudo siempre está por encima de cualquier nombre propio.

Desdramatizar el debate es imprescindible. Los silbidos no solo son aceptables; en determinadas circunstancias, son positivos. Son la forma que tiene la afición de defender la exigencia histórica del Real Madrid y de recordar que, guste o no, todos están por debajo del escudo.

Referencias

  • BBC Sport – Why Real Madrid fans whistle their own players: análisis sobre la cultura de exigencia del Bernabéu y el significado histórico de los silbidos.

  • The Guardian – The unforgiving standards of Real Madrid: artículo sobre la presión y las expectativas que rodean al club y a sus futbolistas.

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